| Ya alguna vez imaginaste pasearte por un fantástico bosque de laurisilva con millares de años? O recorrer veredas ancestrales, acompañado siempre de canales repletos de agua, localmente conocidos como “levadas”? O disfrutar de los barrancos llenos de lujuriante vegetación trepando por riscos o ver saltos de agua de centenas de metros de altura caer al vacío bajo tus pies? Pues esto es lo que podrás ver, vivir y sentir al participar en la Madeira Island Ultra Trail 100 km! |
La historia Aún hoy recuerdo el correo que envié a Jose Moutinho cuando este presentó en el foro de www.omundodacorrida.com su proyecto para hacer en 2009 una carrera en la Isla de Madeira. Entre otros, recuerdo perfectamente mi principal comentario: esta carrera no puede esperar por 2009, hay que hacerla ya en 2008! Hoy, puedo confirmar que no estaba equivocado en mi opinión: cómo íbamos a espera un año más para vivir esta increíble aventura! Al final, con enorme coraje y determinación, los miembros de la organización han decidido, para mi acertadamente, adelantar un año el proyecto y permitir a los cerca de 200 participantes disfrutar de este pedazo de maravilla perdido en medio del Atlántico. Ha sido todo un año maratoniano para esta pequeña, pero combativa organización. Sin grandes apoyos, solo con la colaboración de un pequeño grupo de 60 personas y sin ayudas económicas de instituciones o empresas privadas, han conseguido montar todo desde el cero en poco menos de un año, luchando contra muchos pronósticos que le reservaban un cierto fracaso. Al final, a la hora prevista y en el punto más occidental de la isla, ha empezado esta increíble Madeira Island Ultra Trail, edición I. En hora buena a todos los que, con su esfuerzo y a cambio de nada más que una sonrisa de los participantes, han conseguido llevar a buen puerto esta empresa y nos han permitido a todos disfrutar del magnífico entorno que ofrece la Isla de Madeira a todos los que se aventura a visitarla. Muchas gracias por todo… La isla Aunque soy portugués, por muchos acasos de la vida, nunca antes había podido visitar esta preciosa isla. Mi familia y amigos que la conocían hablaban maravillas, pero al final nunca imaginas las cosas como realmente son hasta que las ves con sus propios ojos. Y realmente, lo que vi me ha llenado los ojos de verdad! Entre el verde de la abundante vegetación y las cristalinas aguas que parecen salir de todos los sitios, con el paso de los kilómetros, nunca dejas de encontrar más y más zonas sorprendentes. Aventurarse por sus veredas y senderos, disfrutando de sus paisajes y sus olores sin prisas ni correrías, es motivo suficiente para una segunda visita más tranquila a esta isla. La carrera no empieza en la línea de salida, pero si cuando uno se decide a ir! Contra lo que suelo decir a menudo sobre este tema y aunque la tenía apuntada en mi agenda desde hace un año, esta vez solo empecé realmente a prepararme para esta carrera el pasado mes de agosto. Muchos han sido los motivos o escusas para que ocurriera así: el cansancio acumulado de carreras y entrenamientos, las obras en casa, el trabajo al cuadrado, el…, lo cierto es que después del Maratón Alpino Madrileño apenas pisé el monte. Para cúmulo, en la primera salida de agosto me torcí el tobillo del pie derecho en una bajada, 5 km antes de llegar al coche. La consecuencia del desafortunado incidente fue pasar todo el mes sin poder entrenar a la carrera a pie, limitándome a entrenar el fondo con la bici de montaña y de carretera. Tres semanas antes de la carrera, ya en el mes de septiembre, pude participar en un triatlón organizado por unos amigos, donde la etapa final se realizaba en una pista de 16 km a 2000 mts de altura, en pleno Parque Nacional de El Teide. Al final, esta ha sido la mayor distancia que he podido entrenar antes de la carrera, lo que desde luego me auguraba sufrir de lo lindo en los 100 km de la Madeira Island Ultra Trail. Aún así, estaba seguro que iba disfrutar y salí de Tenerife el jueves por la mañana muy optimista sobre mis posibilidades de terminar la carrera. Eso sí, hacer un buen tiempo o una buena clasificación estaba totalmente fuera de mis objetivos. El viaje A lo largo de todos estos años, he viajado con gente muy distinta en la que grande parte de las veces apenas teníamos la aventura en común entre nosotros. Viajar con gente nueva, no es nada nuevo ni extraño, es incluso lo más habitual y normal en mí. Quien me conoce hace años sabe que nunca será por falta de compañía que no iré al fin del mundo, pero no es lo mismo viajar solo que acompañado y, sin duda, prefiero mucho mas esta última opción! Esta vez he compartido viaje con Felacho, Paco y Marcelino, este último es el “famoso” responsable por toda esta mi locura por el ultra trail. Con Felacho y Paco era mi primero viaje y tengo que agradecerles su fantástica compañía a lo largo de los 4 días que pasamos juntos. Felacho, que ya conocía la isla, un día antes de la carrera nos brindó con una fantástica excursión por los rincones más emblemáticos de la isla y que nos ha servido de aperitivo para lo que íbamos realmente ver el día siguiente. Han sido días perfectos los vividos antes del grande combate, en los que a demás hemos podido disfrutar también de la comida y los postres típicos de la isla. La carrera A la hora prevista tomamos el autobús que los llevaría al punto más occidental de la isla, Punta do Pargo. Durante los cerca de 90 minutos que ha durado el viaje, a demás de los cerca de 30 y tantos túneles y puentes que cruzamos, ha sido la compañía de la lluvia lo que más nos ha preocupado, aunque jamás pensábamos que esto iba a condicionar tanto la carrera. Aproximadamente 30 minutos antes de darse la salida, empieza a lloviznar, al inicio tímidamente, pero poco a poco se va convirtiendo en algo más serio.  A las 6 y media en punto es dada la salida. Por momentos la lluvia nos da un pequeño respiro. Salgo fuerte y me coloco con el grupo de cabeza. Los primeros kilómetros son por asfalto. Poco a poco, voy perdiendo el contacto con los más rápidos y me dejo ir tranquilamente a un ritmo más bien cómodo. Me engancho a Cristo y a Gilberto. Van con un ritmo que me permite seguirles cómodamente. Finalmente dejamos la carretera y entramos en la primera pista con un tapizado de hierba natural. En el primer cruce de la pista surge el primer problema del día: qué camino tomar? En este punto faltaba claramente una mejor señalización y me encuentro con varios participantes que regresan por la pista que había elegido como la buena. Doy media vuelta y sigo por el buen camino. Más adelante, a menos de un kilometro del primer incidente, nuevo lio con la señalización en un cruce. Opto por seguir al grupo que tiene más corredores. Cristo lleva un gps y me comenta que vamos por el buen camino. Mas a delante escuchamos voces de gente, aparentemente descontente con la situación, indicándonos que vamos equivocados. El gps de Cristo insiste que vamos bien. Al final, los tres tomamos la decisión de seguir la pista. Durante 10 km no vemos ni marcas ni a corredores. Aunque el aparato indica que vamos bien, somos conscientes de que vamos equivocados, pero decidimos arriesgar y tirar para delante. Cuando supuestamente ya deberíamos haber encontrado el primer punto de control hace por lo menos 3 km, nos cruzamos finalmente con la pista buena y en seguida nos damos cuenta que hemos perdido bastante tiempo. Superado el contratiempo, Gilberto impone un ritmo que tanto Cristo como yo no podemos seguir. Ya sin la compañía de Gilberto, llegamos al segundo avituallamiento.
|
|
Hasta aquí, el recorrido es fácil y casi todo por pista, aunque hay algunas zonas con ligera pendiente. Después del segundo avituallamiento, tomamos contacto con los primeros senderos que discurren paralelos a los canales de agua, las “levadas”. Al pasar por una vaguada, creo haber perdido el camino. Con miedo de volver a perderme, me doy la vuelta en busca de la última marca. En seguida me encuentro con Cristo, que estaba a 20 metros de mí y al grupo que nos seguía. Ellos me confirman que vamos bien, pero al llegar a la vaguada, dudan igualmente si el camino sigue efectivamente por ese paso. Al final, uno de ellos se llena de coraje y fuerza el paso por entre los arbustos y nos confirma que es ese el camino a seguir. Joder, vuelvo a perder tiempo con gilipoiadas! Un poco cabreado, aumento mi ritmo sin darme cuenta que Cristo no me sigue. El túnel que no había que seguir… Al llegar al tercer avituallamiento, aprovecho para comer algo. Antes de salir, los miembros de la organización me indican que tengo que ponerme el frontal, porque a poco menos de 1 kilometro hay que pasar por un túnel. La lluvia, que seguía cayendo copiosamente empieza a mezclarse con la niebla, lo que junto a mis empañadas gafas, apenas me deja ver la entrada del túnel. Sin dudar un segundo, pongo el frontal y entro corriendo por este. A mitad del túnel, me doy cuenta que hace tiempo no veo las cintas florecientes señalando el recorrido, pero supongo que será normal, pues en el túnel solo hay un camino a seguir! Cuando llevo casi todo el túnel recorrido, empiezo a ver luces que se me acercan en dirección contraria. Al inicio creo que son senderistas, pero por las voces me doy cuenta que son otros corredores que vienen de vuelta. Al cruzarme con ellos, insisto que el camino tiene que ser este, porque me lo han dicho antes en el avituallamiento. Me confirman que a ellos también se lo han dicho, pero que al otro lado del túnel no hay cintas florecientes. No les hago caso y sigo para delante. Dejo para tras el túnel y hago cerca de 2 kilómetros sin ver señalización alguna. Por fin, encuentro un grupo de senderistas y les pregunto se han visto gente pasar. Ellos confirman mi error. Cabreado, doy media vuelta y regreso por donde vine, insultando a todos los miembros de la organización. Al llegar de nuevo al otro lado, en seguida veo que había una cinta y una flecha colocadas justo antes de la entrada del el túnel indicando el camino correcto. |
|
Por momentos me cabreo bastante, porque si no fuera por el comentario sobre tener que cruzar un túnel del avituallamiento, jamás me hubiera equivocado en este punto. Miro el reloj y calculo que he perdido casi una hora con la bromita. Resignado, sigo el sendero bueno. En ese momento calculo que tanto Cristo, como Felacho, Paco y Marcelino me han pasado. Con el afán de pillar al grupo que tengo por delante, aumento un poco mi ritmo. La crisis Durante varios minutos y prácticamente hasta el cuarto avituallamiento, no vuelvo a encontrar gente. La tormenta aumenta de intensidad, la lluvia se hace mas fuerte llegando incluso a molestar en la cara. Por momentos, me encuentro envuelto en una bruma pensando qué coño hago yo ahí perdido, sin poder disfrutar del paisaje que tanto interés tenía en ver. Poco después, ya rehecho de la crisis, sigo en dirección al siguiente avituallamiento más optimista que nunca sobre mis posibilidades de terminar aquella infernal carrera. Apenas paro en el cuarto avituallamiento. Sigue lloviendo y tomo la decisión de bajar un poco el ritmo para poder concentrarme en la búsqueda de las cintas que señalan el camino. Me he perdido ya 3 veces y no quiero volver a equivocarme por ir mirando el suelo. Este tramo, casi todo paralelo a una “levada”, cruza varios túneles, algunos con más de 2 kilómetros de largo. Es uno de los tramos más fáciles y casi no hay pendiente positiva.
|  |
Llego al quinto avituallamiento, en la Encumeada, con cerca de 7h30 de carrera, 45 km de carrera sobre las piernas y calado hasta los huesos. Aprovecho las buenas condiciones del recinto para tomarme algunos minutos de descanso y recargar fuerzas comiendo algo caliente. Por primera vez en toda la carrera tengo oportunidad de charlar un poco con los miembros de la organización. A estos les resulta curioso que un español hable tan bien portugués, encima con asiento de Lisboa! Les explico que soy portugués, pero que vivo en Tenerife desde hace año y que por eso me han puesto en la lista como español. Desecho el misterio, intercambiamos algunos comentarios sobre los dos archipiélagos vecinos. Antes de salir del avituallamiento me informan que voy entrar en el punto más duro de la carrera, la famosa zona de los mil y un escalones! Escaleras, escaleritas… Joder, vaya si es la parte más dura! Es lo más duro que he hecho alguna vez en una carrera! Tres jodidas horas tardé yo para completar los 12 kilómetros y 1100metros de desnivel positivo de escaleras y escaleritas. Subir, bajar, subir, bajar… Eso sí, es de lejos el tramo más bello de la carrera. Los senderos tallados en la roca a mitad del risco son impresionantes. Los barrancos que bordeamos están tupidos de exuberante vegetación. Y el paisaje, cuando la bruma te lo permitía ver, era increíble. A causa de la fuerte lluvia que caía en ese momento, pasé por el Pico Ruivo casi sin darme cuenta y solo paré al llegar al Pico do Areeiro. No me lo podía creer, el temido tramo de escaleras estaba finiquitado! Al entrar en el avituallamiento me cruzo con Marta Prats, vencedora de la Transgrancanaria 2008 y con la que he compartido varios kilómetros de esa carrera. La saludo, nos intercambiamos algunos comentarios sobre la señalización del recorrido y la veo partir junto con un grupo de corredores. Rescato la bolsa que previamente había dejado a la organización en la Punta do Pargo y rápidamente empiezo el baile de cambiar de ropa mojada y fría por seca y calentita. Hay mucha gente en el avituallamiento que nos mira con una cara de asombro o más bien de duda, como si no entendieran que hacían estos locos corriendo por sus montañas! Como algo, lleno la mochila con agua y alguna comida que había dejado en mi bolsa de ropa y salgo al camino bajo una salva de palmas de los organizadores de la carrera. Empieza la bajada. Tengo los pies hipersensibles por las horas a fio que han estado encharcados. Bajar en estas condiciones es un martirio, pero poco a poco me olvido del dolor y aumento mi ritmo. Con el anochecer, vuelve la compañía de la llover. Antes de llegar al siguiente avituallamiento, el de Montado Pereiro, en un pequeño bosque alcanzo dos corredores portugueses que andaban medio perdidos. Trocamos algunas palabras y, para evitar perdernos de nuevo, propongo unir esfuerzos y seguir juntos hasta el avituallamiento. En seguida nos damos cuenta que 6 ojos ven más que dos y encontramos el camino rápidamente.  Poco después, llegamos al aituallamiento. En ese momento me doy cuenta que uno de los corredores lleva vestido apenas una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos. Le pregunto si no tiene al menos un cortaviento para ponerse y me comenta que no tiene más ropa de abrigo que la que lleva encima. Me choca la respuesta, pero intento no decirle nada porque lo veo un poco tocado de moral y no quiero ser motivo de un posible abandono! Para que no se enfríe mucho, le propongo salir del avituallamiento lo antes posible y le recomiendo no pararse mucho tiempo en los siguientes avituallamientos. Por último, me ofrezco a acompañarlo y el otro corredor propone lo mismo. Salimos juntos del avituallamiento. En el primer cruce, nos volvemos a perder! Al final, ni con 6 ojos conseguimos evitar los despistes! Por fin encontramos el camino. Es noche cerrada y la lluvia no deja de caer. Con mi impermeable y foro polar light vestido estoy helado. Miro al chico que va a pelo, con los brazos todos mojados y me sorprendo como consigue aguantar el frío. Seguimos a un buen ritmo y entramos y salimos de senderos que aparentemente van paralelos a una pista forestal. Por fin deja de llover y lejos empezamos a deslumbrar luces de algún poblado cercano. Con el cansancio que llevamos acumulado, os 10 kilómetros se hacen pesados y eternos. Intentamos engañarnos charlando sobre nuestras vidas. Después de casi dos horas y media, llegamos al penúltimo avituallamiento en el Lombo das Faias. Paramos solo el tiempo justo para tomar una sopa de pollo caliente y seguimos nuestro camino. Antes de salir, nos comentan que después del último avituallamiento y antes de la meta, tenemos que pasar por una zona de acantilado, un poco peligrosa. De inmediato, ese tema pasa a ser nuestro asunto de conversación. Cada uno opina sobre cómo será la zona, e poco a poco empezamos todos a acojonarnos. Vamos por una pista con falso llano que serpentea por un bosque bastante frondoso. Me encuentro de nuevo bien y decido trotar porque caminar me empieza a cargar las piernas. Los otros dos compañeros no me pueden seguir, están ya bastante más cansados. Al ver que los dejo para tras, insisten que me marche si puedo ir más rápido y, al final, decido hacerles caso y sigo solo a mi ritmo. Las nubes se han ido y avisto por fin las estrellas en el horizonte. Por momentos disfruto del camino, recordando con alguna nostalgia que me quedan poco más de 15 kilómetros para terminar la última carrera del año. Nunca había participado en tantas carreras, ni había entrenado tanto como este año. Poco a poco, mis últimas fuerzas se van apagando, al tiempo que vuelven los dolores en mis machacados pies. Tengo la sensación de que la pista da vueltas sobre si misma, como si su único objetivo fuera hacer kilómetros. Por miedo a tropezar en alguna raíz y caerme contra los arboles, hago los senderos caminando. De repente, avisto un corredor tirado en el suelo y me asusto! Veo que esta tumbado de lado y al verme se intenta incorporar. Me paro e procuro saber si necesita ayuda. Me contesta que se ha caído, pero que no le ha pasado nada, que se encuentra bien y que ha aprovechado ya que estaba en el suelo para descansar un rato. Le pregunto si quiere que le espere y me contesta que no hace falta, que en seguida irá detrás de mí. La bajada final… Quince minutos más tarde llego al último avituallamiento. Un poco preocupado, les pregunto sobre la dificultad de la bajada y me contestan que si voy despacio y con cuidado, no me pasará nada. Vaya consejo! Qué pensarán, que voy hacer la bajada a fuego después de 92 km en las piernas! La parte inicial es bastante resbaladiza. Apenas hay puntos para sujetarse uno y llego pasar algún miedo. Con colocar una cuerda fija en esta zona había bastado para dar la seguridad necesaria a la bajada. Superada esta parte, llego al punto donde el sendero pasa pegado al risco del acantilado. La verdad que es más psicológico que otra cosa y nunca llego a sentir la sensación real de peligro. Solo me da pena de no haber podido disfrutar de esta zona con la luz del día, porque tiene que ser preciosa. Poco a poco, me voy alejando del acantilado y me adentro por una zona de terrenos de cultivo aparentemente abandonados. Al rato, llego a una nueva “levada” y el sendero se convierte en un llano camino, ora sobre la canal de agua, ora paralelo a este. Apenas puedo trotar, por lo que procuro caminar rápido para terminar de una vez por todas con este sacrificio. Cada vez tengo más ganas de llegar, las fuerzas ya son las justitas, pero tengo la sensación que lo peor ya está hecho. Lejos ya veo el pueblo de Machico, con sus calle iluminadas. Después de unos largos minutos, llego al final de la “levada” y, junto a unas casas, conecto con una carretera que sube en dirección a unas enormes antenas identificadas con luces rojas. La última subida se hace relativamente bien, pero arriba hay sorpresa. Al llegar, me encuentro con una bajada de vértigo casi por campo a través. Hago la bajada intentando entender por qué coño han dejado esta putada para el tramo final de la carrera! Después de haber participado en decenas de ultra trails, aún sigo sin entender porque los trazadores de los recorridos, una y otra vez, colocan zonas técnicas y peligrosas justo antes del final de la prueba? Para qué lo hacen? No se dan cuenta de que el 90% de los participantes de sus carreras somos personas normales que lo único que procuramos es acabar, independientemente del tiempo o puesto conseguido! Cuando llevas 60 o 70 km en las piernas, que placer te podrá dar una bajada hiper técnica si tu mente ya solo piensa en ahorra fuerzas para terminar? Cada vez tengo más claro que las partes técnicas y difíciles deben estar en el segundo tercio de los recorridos y que el último tercio debe ser para que a los corredores menos preparados consigan terminar dignamente la carrera. Insisto, que en mi opinión, hacer lo contrario no tiene ningún sentido. Encontrar zonas técnicas en el segundo tercio de la carrera, cuando estas aún fresco, te permite disfrutar de la dificultad y vivirla mucho más intensamente. En contra, hacernos sufrir por zonas peligrosas o bajadas ultra técnicas cuando faltan poco menos de 15 kilómetros (de 80, 100 o 120 kilómetros), me parece una grande putada, y lo que se consigue con eso, es que la gente se cabree con la organización y se lo piense dos veces antes de apuntarse el año siguiente a la carrera. Meta a la vista Finalmente logro terminar la “bajadita”. Solo me falta unas cuantas escaleras, correr el paseo marítimo y llegar a meta. Miro el reloj, son las 2 de la mañana y se respira una enorme tranquilidad por la zona. De repente, escucho a alguien que se me acerca por detrás corriendo como un desesperado. Al inicio me asusto porque pienso que algún perro le persigue o algo por el estilo, pero al pasar por mí me doy cuenta que lo único que este señor busca es adelantarme! Es increíble! Después de 100 kilómetros y más de 20 horas de carrera, cuando la mente ya solo piensa en terminar y disfrutar de todas las emociones vividas durante la carrera con todos los finishers que te esperan en la meta, hay todavía personajes que lo único que buscan es acabar disputando una posición, aunque sea la trigésima segunda! Qué pena me da la gente! Con lo divertido que eran antes los ultra trails, cuando la gente buscaba siempre un compañero de aventura para terminar juntos la carrera y el puesto era lo menos importante de todo, ahora cada vez más se ven personajes que disputan las llegadas al centímetro, para no decir, al milímetro. La globalización parece que ha llegado también al ultra Trail, y el espirito solidario y de compañerismo del senderista y montañero está sucumbiendo al del corredor de atletismo puro y duro. Es una pena que la historia se repita otra vez y que una especialidad basada en la aventura, el compañerismo y el disfrutar de los paisajes y distancias, se vea transformada en prole de la pura competición, donde casi todo vale para llegar antes. Por momentos vuelvo a recordar algunos desafortunados comentarios escuchados a lo largo del día venidos de la boca de corredores oriundos del atletismo puro, los cuales prefiero ni hacer referencia por la vergüenza ajena que me dan. De verdad, cuando se apuntan a este tipo de carreras, serán consientes de lo que van a hacer? No se darán cuenta que el ultra trail es sinónimo de aventura y del desconocido, de perderse y reencontrarse? La sensación que me dan muchas veces es que solo disfrutan con los números colocados en el cartel de presentación de la carrera. Un poco entristecido con el último suceso, me dirijo a la meta, pero afortunadamente la emoción de los últimos metros me hacen olvidar esto y todo lo demás: el frio, la lluvia, los dolores, el hambre… Cruzo la meta recibido por Jose Moutinho, la persona que año y medio antes me había hablado por primera vez de esta carrera. Qué momento... Paco, Felacho y Marcelino, un par de horas más tarde también logran llegar san y salvos a la meta. En hora buena para ellos…  Normalmente, mis crónicas suelen terminar aquí, pero esta vez quiero hacer unos cuantos comentarios a la organización. Conociendo el esfuerzo que han tenido que hacer para llevar a buen puerto esta empresa, no sería justo terminar mi crónica sin felicitar su trabajo. A mi entender han estado fantásticos. Sabemos todos que hay puntos a mejorar, como la señalización y tramos un poco innecesarios, pero lo único que quiero destacar es que, en mi opinión, no se deben forzar recorridos apenas con el objeto de conseguir una distancia determinada. Es mucho mejor procurar el camino más directo y lógico, que hacer al corredor dar vueltas innecesarias solo para alcanzar, por ejemplo, los 100 kilómetros. Desafortunadamente, son cada vez más las organizaciones que se fijan apenas en los números, olvidándose muchas veces de los corredores. El próximo año, más que mejorar la señalización (sinceramente no estaba tan mal si no hubiera habido tanta lluvia), recomendaría antes algunos retoques en el recorrido, aunque al final solo se consigan 90 o 95 kilómetros, pero estoy seguro que muchos de los participante se lo van agradecer. Y a disfrutar de la edición de 2009… |