| El Maratón Alpino Madrileño (MAM) es probablemente la carrera por montaña más veterana de España. Su recorrido en plena Sierra de Guadarrama y que en tiempos no muy remotos se consideraba el más duro del ¡mundo!, es una mezcla de pistas, senderos y zonas técnicas de montaña que discurren entre el pueblo de Cercedilla y el Pico de Peñalara. Suficientemente exigente para sufrir, pero sin la dureza de un verdadero Ultra Trail, esta es una carrera muy recomendable para todos los que se quieran iniciar en este mundillo o como entrenamiento para algún Ultra Trail. |
Cuando el pasado mes de abril, mientras entrenábamos para la Cruza Tenerife, Cesar me propuso ir al MAM, no tuve la menor duda en aceptar de inmediato su invitación. Hace años que tenía intención de participar en esta carrera, pero siempre terminaba por no encontrar tiempo o motivación para desplazarme 2000 kilómetros a hacerla. Este año, seguramente por contar con la compañía de dos compañeros de hazañas (Cesar y José), encontré por fin esos dos elementos que siempre me faltaban para aventurarme en un nuevo reto. Al contrario de otras veces, no he preparado esta carrera con mucha consciencia. Saturación psicológica o talvez solo cansancio físico, lo cierto es que después de la Cruza Tenerife no he vuelto a encontrar la motivación necesaria para afrontar los entrenamientos que un MAM reclama o merece. Me limité a hacer las salidas de fin de semana de siempre y solo hice una con más de 45 kilómetros, que de poco me ha servido para el MAM de este año, pues hizo bastante frío, climatología totalmente contraria a la que encontraría este año en el la Sierra de Guadarrama. A juntar a la fiesta, las últimas 3 semanas han sido casi improductivas a causa de un molesto dolor en la espalda que me privó de entrenar correctamente. 
Al final, salí el sábado hacia Madrid con la sensación de apenas ir a cumplir con mis amigos y ni el magnifico ambiente que hemos disfrutado en todo el viaje, que me ha hecho recordar viejos tiempos en los que viajaba a menudo con amigos, ha mejorado la situación. Quedamos a dormir en el Refugio de Peñalara. Aunque está a necesitar un urgente lavado de cara, hemos disfrutado de un verdadero ambiente de montaña bajo sus paredes. Nada mas llegar conocimos un grupo de portugueses que se encontraban también ahí hospedados y que iban a participar en el MAM el día siguiente. Entre ellos estaba Gloria Serrazinha, la detentora del mejor crono en la prueba. Durante la cena, aprovechamos para obtener la máxima información posible sobre el recorrido de la carrera, sus puntos mas críticos y escuchar los consejos de estos veteranos de la MAM n os han brindado. La mañana siguiente, al despertar me he reencontrado con las malas sensaciones sentidas el día anterior. Ya en la línea de salida, por momentos estuve a punto de retirarme. Al final, creo que por cabezonería o talvez por vergüenza, tomé salida en la carrera. Antes continua a contar mi odisea madrileña, quiero felicitar públicamente la organización de la prueba, que sin grandes despilfarros mediáticos brinda a todos los participantes su simpatía y saber hacer, muestra clara de que lleva muchos años organizando eventos como este. Tanto la zona de salida y meta, como los avituallamientos y señalización del recorrido han sido ejemplares. Es dada la salida a la hora prevista. Cerca de 250 corredores se precipitan por la calle principal del pueblo en dirección al valle por donde corren las aguas del Río Manzanares. La primera parte del recorrido, de Cercedilla hasta el Puerto de Navacerrada, discurre bajo un magnifico bosque de pino mediterráneo, alternando pistas con fáciles senderos. La pendiente es progresiva, con algunos puntos un poco más extremos, pero siempre bastante accesibles. Vamos todos juntos y el ambiente es fantástico. Durante algún tiempo comparto prueba con José, pero poco a poco me quedo para tras. Desafortunadamente, empiezo a sufrir la desagradable sensación de vértigo que arrastro los últimos tiempos a causa de la sobrecarga en espalda. Por momentos estoy a punto de retirarme, pero mantengo la calma y poco a poco a sigo adelante. Llego al Puerto de Navacerrada ya mas animado. Al ver la vertiginosa y pelada subida hacia la Bola del Mundo vuelvo a tener las ganas de seguir: el desafío y los retos son el mejor antídoto a mis vértigos! Miro a ver si encuentro José entre los participantes, pero no logro verlo. 
La subida es dura, dura. Desde arriba, la vista que se disfruta es de la misma orden de grandeza que la pendiente anteriormente vencida. Tomo la bajada hacia Cotos con filosofía, sin arriesgar y disfrutando del magnifico paisaje. Siguiente subida es hacia el Pico de Peñalara (2.430 m), punto más elevado del recorrido. Quitando el primer kilómetro, toda la subida se hace a través de un sendero de montaña, con alguna pendiente y totalmente expuesto a los radios de sol. Por vez primera, empiezo a sentir el fuerte calor prometido por la organización para ese día. Si se adopta un ritmo constante, la subida se hace fácilmente. Por fin consigo adelantar corredores que me preceden. En el Pico Peñalara nos esperan un magnifico grupo de personas que no se cansan de animarnos al nuestro pasar por ahí. Superada la subida, hay que seguir por un tramo de poco mas de 300 metros de roca granítica donde el sendero por y simplemente no existe: tenemos que ir literalmente saltando de roca en roca hasta alcanzar de nuevo el sendero existente al otro lado de la montaña. Es el tramo técnico de la carrera y que tramo!
 Me encuentro en mi mejor momento de la carrera. Hago la bajada hacia la Laguna de Pájaros a un ritmo alegre. Hasta Cotos, voy bastante rápido y adelanto bastantes corredores. El sendero es compartido con los muchos visitantes que procuran como nosotros disfrutar del paisaje y por momentos temo chocar de frente con alguno de ellos. Al final, todo corre bien y llego a Cotos bastante animado. Ya solo me queda la última subida hasta la Bola del Mundo y la bajada final hasta Cercedilla por el mismo camino realizado anteriormente. Es la una de la tarde y el calor es insoportable. Intento hidratarme lo máximo que puedo, pero mi barriga dice que por mucho que beba no voy a conseguir equilibrar las elevadas perdidas de sudor y sal. Me tomo la última subida con mucha, mucha tranquilidad. Adelanto varios corredores que van exhaustos o probablemente deshidratados.  También yo comienzo a sentir los efectos de la falta de agua y al llegar arriba noto como mi barriga pasa a ser mi nuevo problema. Con fuertes cólicos, bajar es una tortura. Llego al Puerto de Navacerrada decidido a no continuar. Llego a tener el número de teléfono marcado en el móvil para pedir a Cesar que me rescate del infierno en que se ha tornado para mí esta parte final de la carrera. En el último memento tomo la decisión de continuar: al final ya es todo bajada. Que decisión mas equivocada! Me arrastro montaña a bajo. Apenas puedo caminar y hay momentos en que incluso ni eso puedo hacer y me tengo que parar a tomar aire. Mi barriga hacer unos sonidos horribles y solo pienso llegar, llegar. Pero no hay manera de ver Cercedilla! Me adelantan muchos corredores.  Que suerte tienen de poder disfrutar del magnifico sendero bajo este precioso bosque, pienso cada vez que veo uno de ellos desaparecer corriendo delante de mí. Por fin, entre la vegetación, diviso Cercedilla, pero ni eso me anima a trotar. Finalmente, después de 7h34 minutos entro en la meta caminando. Soy recibido por mis amigos y eso me hace olvidar por momentos el sufrimiento de las dos últimas horas...
FOTOGRAFIAS DE RAFAEL |