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IX Transgrancanaria 115k 2008 E-mail
proyecto 2008 - crónica última carrera
Sunday, 09 March 2008
 

En pleno Océano Atlántico, en el Archipiélago de las Islas Canarias, se ha realizado el pasado 1 de marzo una de las más bellas y duras carreras de larga distancia por montaña de España y de Europa. Con un recorrido que cruza integralmente la isla de Gran Canaria de sur a norte a través de barrancos y montañas, La Transgrancanaria es ya una referencia internacional en el mundo del ultra trail, demostrado por el elevado número de participantes españoles e internacionales.

Quien nunca ha oído hablar de la Transgrancanaria debe comenzar por saber que esta es una carrera por montaña que atraviesa de punta a punta la isla de Gran Canaria con un recorrido extremamente técnico y físicamente muy exigente de aproximadamente 117 km y mas de 4000 m de desnivel positivo, e donde el tiempo máximo para terminar son 30 horas. Con 80% por caminos y senderos, 17% pistas de tierra batida y apenas 3% de carreteras asfaltadas, esta carrera has pasar los corredores por algunos de los lugares menor visitados y por los paisajes más bellos y mágicos de la isla de Gran Canaria. La grande caravana de corredores atraviesa el campo de dunas de arena de la playa de Maspalomas, continua por los bosques centenares de pinar y de palmeras canarias, visita la zona de las Grandes Presas, sube también a algunos de los picos mas importantes de la isla, para bajar después de nuevo a la costa, pasando aún por los pueblos históricos de Cruz de Tereda y Teror, Este largo recorrido concluí en la ciudad de Las Palmas, punto final de la carrera y donde está también ubicada la llegada, en plena playa de Las Canteras.

 

En el amplio grupo de corredores e corredoras que participan en la Transgrancanaria caben todo el tipo de deportistas. Desde amantes de la montaña hasta triatletas; desde corredores de campo a través hasta los aficionados a los raids de aventura, al senderismo o a la aventura en general. La Transgrancanaria no es realmente una única carrera. La organización de la prueba todos los años traza nuevos objetivos e la carrera ha venido aumentando tanto de participantes como en distancia año tras año. Con el objeto de cubrir las necesidades de todos los corredores, la organización en esta 9ª edición de la Transgrancanaria ha ofrecido tres variantes alternativas. La prueba reina ha sido sin duda alguna la Transgrancanaria 115, con 117 km de distancia y donde tomaron salida los competidores mejor preparados. La Transgrancanaria S –N llevo los corredores a cruzar la isla de sur a norte, con algo menos de dureza y a través de “apenas” 85 km. Para los corredores menos dados a la competición pura y dura, ha habido también un recorrido aún más accesible con 45 km. Ha sido precisamente en este último donde participó el vasco Martín Fiz, toda una leyenda del atletismo español, campeón del mundo de maratón en 95 en Suecia y que así se sumó al cada vez mayor número de participantes venidos de otras modalidades. Entre los corredores que disputaron la Transgrancanaria 115, ha habido también deportistas de alto nivel como el italiano Marco Olmo (60 años), dos veces vencedor del Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc (165 km, +9000 m) y campeón en varias ocasiones del Maratón de Sables, el suizo Adrian Brennwald, conocido triatleta de larga distancia y el español Arnau Julià, miembro del equipo de raids Buff Salomon campeón del mundo. De los 226 corredores que se presentaron en la salida, el 70% han sido de las Islas Canarias, 20% peninsulares y el 10% extranjeros oriundos de varios países de Europa.

A demás de la distancia y desnivel acumulado, esta prueba ha sido también un reto a todos los que se plantearon participar en ella, pues esta es una carrera de larga distancia realizada en semi-autonomía, donde los corredores han tenido que transportar sus alimentos y agua necesarios para superar la totalidad del recorrido, contando apenas con tres puestos de comida y mas cinco de líquidos para abastecerse durante la travesía.

El día de la carrera…

 Suena el despertador. Son las tres de la mañana y es hora de levantar. Antes de la ducha, despierto a mi compañero de habitación, mi buen amigo Johnny. A continuación, tomo un ligero desayuno mirando desde la ventana la línea de la meta. Me pregunto una y otra vez en que estado llegaré esta noche a la meta, y si es que llego, después de superar los 115km y los más de 4000 m de desnivel positivo.

 


 

A las cuatro de la madrugada, justo al lado del hotel, y ya en la compañía de los amigos de entrenamiento y del grupo de de portugueses, me subo a la guagua que la organización ha colocado a los corredores en su traslado al sur de la isla. Al llegar, aun me quedan 45 minutos para verificar una última vez la mochila y protegerme con vaselina. Alrededor veo algunos corredores a colocar bolsas de plástico en las zapatillas para protegerse de la arena de la playa. Otros hacen fotos de grupo.

 

De repente vemos pasar un señor alto y flaco, bastante flaco por cierto, e con la cara curtida por los años. “Gente, es Marco, Marco Olmo!” Todos los que estamos en un radio de 20 metros miramos para este como si de un extraterrestre se tratara. En un reflejo imprevisible, me dirijo a él para saludarlo. Muy simpático, Marco me devuelve el saludo. Sigo desde hace años los resultados deportivos de una decena de corredores, pero Marco es le lejos aquel a quien más admiro y es sin duda para mí el mejor ejemplo de deportista: no es mediático, no vive del deporte, no sufre presiones por ganar y aún más importante, es libre de eligir que quier hacer de su vida deportiva. Es sin duda un campeón con letra grande.

Cinco minutos antes de la salida, ya con los nervios y el miedo en el cuerpo, tomo vez primera contacto con la arena del la Playa del Ingles.

 

La salida

Pan! De repente, tengo a mi lado 450 valientes corriendo sobre las arenas de la playa. Por delante veo una increíble serpiente de luces rojas que me guían en mi camino. Al para detrás, la luz blanca de los frontales brilla como si la Estella de un cometa se tratara! Que momento más mágico! Troto como mas me gusta: solo y sin tener que seguir el ritmo de otros corredores. Lejos veo la luz del faro que marca el finadle la playa y el inicio de la siguiente etapa por el Barranco de Fataga.

Terminados los 5 kilómetros de playa, abandono por fin sus arenas y me adentro finalmente en mi terreno preferido, la montaña. El primer avituallamiento, solo con agua, está en Ayagaüres y todavía para la llegar tendré que superar más 17 kilómetros y 400 metros de desnivel. Durante los primeros kilómetros voy en compañía de Gonçalo y Miguel, los dos portugueses de la isla de Madeira. Justo antes de la primera subida, me encuentro con Johnny que ya va mas animado. En la bajada a Ayagaüres, me separo ligeramente del grupo.El avituallamiento lleno el CamelBak con agua y preparo una botella con sales. Mi reloj marca 02h12, dos minutos menos que en la edición del año pasado. Como este año la primera etapa ha ganó 2 km, me quedo bastante contento con el tiempo realizado.
 

Por delante tengo ahora la primera subida de montaña de verdad que me conducirá a Tunte, donde se encuentra el segundo avituallamiento, ahora de sólidos. Son 14 km y 920 metros de desnivel.

El sol sale entre las montañas y como estaba previsto empieza a castigar bastante. Rápidamente, la temperatura sube y el negro paisaje fruto de los incendios que asolaron el pasado verano esta isla ayudan aún mas a sentir esa desagradable sensación de calor. A mitad de la subida dejo definitivamente para tras el grupo de los portugueses. En la subida empiezo a adelantar varios corredores que dejan transmitir por sus caras algún sufrimiento. Muchos, sin duda llevados por la euforia de la salida, han empezado con un ritmo muy superior al que están preparados y en la primera subida de verdad empiezan a apagarse lentamente.

 


 

Llego a Tunte con 05h 04. Físicamente me encuentro bastante bien, pero un molesto dolor de barriga no me deja correr en las bajadas al ritmo que mas me gusta, por eso decido perder algunos minutos en el baño antes de seguir. Ya recuperado del problema, como plátanos y naranjas en el avituallamiento, lo único que me entra con el calor. Lleno el Camelbak con agua y la botella con sales y regreso a la prueba.

Las Grandes Presas

La tercera etapa es probablemente la más dura de la carrera: son 16 kilómetros con 980 metros de desnivel positivo y casi toda ella discurre por un sendero cercano a los 1000 de altura, prácticamente todo el expuesto al sol del medio día. Hago la primera parte de la subida por el Camino Real hasta el desvío de las dos carreras a un ritmo moderado. A fin de ganar algún tiempo, en la siguiente bajada aumento considerablemente mi ritmo y vuelvo a adelantar varios corredores que van bastante tocados por el calor. Antes de llegar a la Presa de Soria, la segunda de las tres grandes presas por donde pasamos, alcanzo a Félix, amigo y compañero de entrenamientos en Tenerife. Va muy tocado y no esconde su estado: apenas puede caminar y me comenta que tiene pensado retirarse en la presa. Intento animarle, incluso me ofrezco a acompañarlo, pero este insiste que no hay nada que hacer, va muy mal y que no tiene fuerzas para seguir. Con pena lo dejo para tras y sigo mi camino al ritmo de antes.

 

Miro alrededor y me emociono con el paisaje. Tengo la sensación de estar volando montaña abajo. Lejos, bien lejos, veo ya el Roque Nublo, donde si todo sigue así en menos de 5 horas lo tendré a mis pies! El calor es insoportable y tengo por la frente una nueva subida. Me arrastro como puedo por un sendero escavado en la roca de la montaña, donde los escalones de 50 cm de altura van dejando profundas marcas en los músculos de mis piernas! Por fin, después de 09h13 logro llegar al avituallamiento de la Presa de las Niñas. Como en el primer avituallamiento, aquí apenas no dan agua, liquido este almacenado en un camión cisterna del Ejército. Alrededor del vehículo son muchos los corredores que se encuentran tumbados en el suelo en un estado lastimable. Para correr fuerzas y preparar cómodamente mi nueva botella de sales, siéntome en el suelo. De repente, todos a mí alrededor me preguntan si me encuentro bien o si voy también yo a desmayar. El estado de los corredores que aquí llegan es tan malo que cualquier síntoma de flaqueza es enseguida asistido por alguien de la organización. En esto así como en otros muchos temas, la organización es casi perfecta.

Roque Nublo

Parto de nuevo solo para la última grande etapa de subidas pronunciadas, consiente que si la supero tengo el más del 80% de la carrera hecha. Por la frente me quedan 23 kilómetros y 1180 metros de desnivel positivo, con paso obligatorio por el Roque Nublo incluido. Empiezo con un ritmo muy conservador. Poco a poco los tramos de mas desnivel van dando lugar a zonas con menor pendiente y con el paso de las horas, también el calor empieza remitir, lo que en conjunto van facilitando la vida a quien quiere terminar esta aventura. Gracias a todo esto, mi ritmo aumenta inversamente proporcional a la distancia que me separa de Garañon, próximo avituallamiento. Sin darme cuenta, me veo finalmente en la rampa final de acceso a la enorme roca que caracteriza el Roque Nublo. Después del paso obligatorio por el punto emblemático de la isla, ya solo me resta bajar los 4 kilómetros que me separan del avituallamiento.

 


 

Entro en Garañon a las 18h45 con 12h39 de carrera y 75 kilómetro en las piernas. Lo primero que hago es pedir la bolsa que previamente he dejado a la organización con la muda de ropa. El calor insoportable que se ha sentido todo el día, da lugar ahora al frío característico de una zona a más de 1200 metros de altura. Ya preparado para soportar los 12 grados de temperatura ambiente, aprovecho para comer algo en el avituallamiento.

La “eterna” bajada y la llegada

Cinco minutos más tarde salgo en dirección a Teror que se encuentra a 20 kilómetros de distancia. Esta etapa es prácticamente toda ella de bajada. No se si ha sido por magia o tal vez por la pasta que comí, lo cierto es que voy corriendo montaña a bajo como un loco! Empieza a hacerse de noche y enciendo el frontal para evitar sustos innecesarios. Troto alegremente por el sendero sobre una arista de una montaña con más de 800 metros de altura. Tengo una vista privilegiada de la cara norte del Roque Nublo, con un increíble anochecer como paño de fondo. A bajo, en el fondo del barranco veo luces de pequeños poblados aislados. Vivo en ese instante el momento más inolvidable de toda la carrera. Sigo con un ritmo de vértigo montaña a bajo y empiezo a adelantar otros corredores. Se impone definidamente la noche y con ella pierdo parte de mi distracción: el paisaje que me rodea. Es ahora el momento de apretar los dientes, mirar solo para la zona iluminada por el alo de luz proyectado por el frontal y concentrarme solo en llegar a la meta. Llegar a Teror eternizase! Antes me pierdo un par de veces. Ya en la entrada al pueblo, me alcanzan una pareja de catalanes. La chica es la primera clasificada entre las mujeres. La felicito y pregunto si les puedo acompañar en los últimos 22 kilómetros que faltan de prueba. Estos aceptan de inmediato mi pedido: van también bastante cansados y 6 ojos ven más que 4 a la hora de buscar el camino a seguir. Aún con un enorme bocadillo de chorizo en la mano, empezamos los tres la bajada para el último avituallamiento antes de la meta. Vamos casi todo el camino trotando. De todas las etapas, esta es posiblemente la menos interesante y ciertamente por eso no tengo muchos recuerdos de ella. Después de subir y bajar una serie de pequeños desniveles, superar un canal de agua absurdo, escalar una pequeña pared y de llamar varios nombres al trazador del recorrido, llegamos al avituallamiento de los Giles con 19h00 de carrera y 109 km realizados. Nada mas llegar, miro el horizonte y veo la Playa de Las Canteras. Al fondo, deslumbro la meta. Me emociono una vez más. El sueño está a punto de convertirse en realidad. Me tiro montaña a bajo, corriendo al máximo que mis pobres piernas me permiten. Ahora ya solo pienso en terminar en menos de 20 horas. Corro y corro cada vez más rápido! Entro en el paseo marítimo y pienso que no voy a conseguir mi nuevo objetivo! Eso me da mas fuerza y aumento aún más el ritmo de los últimos 5 kilómetros. Miro el reloj y veo que voy a 5 min/kilómetros: es increíble como después de hacer 117 km tengo fuerzas aún para correr a este ritmo! 19h 45, ya solo me falta hacer la última parte de la playa y la curva de acceso a la meta. Mantengo el ritmo hasta pisar la alfombra roja de la meta. En ese momento, miro el reloj colocado sobre la línea de llagada y veo 19h 48 minutos. Paso bajo este caminando con el objetivo doblemente cumplido.

Soy “FINISHER”…

 
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