 | Los 260 inscritos del II Maratón por Montaña "Isla del Meridiano" tuvieron el privilegio de correr los 42 kilómetros por un paraje protegido de bellísimo paisaje, por senderos centenares, con vegetación esculpida por los vientos alisios y por pistas de color negro basalto. Y ni los vientos huracanados han impedido a los participantes de afrontar este reto. Les dejo mi crónica y de algunos otros más. |
Por fin llega el viernes. Llevo toda la semana intentando mantenerme lo más ocupado posible para no pensar demasiado en la carrera. Es cierto que esta no es ni la más larga ni la más dura de las carreras en las que he participado los últimos años, pero tiene algo, algo que me deja un poco intranquilo. Será por ser la primera del año? O la corta distancia de la misma que me puede llevar a subestimarla y por error a utilizar un ritmo demasiado rápido, que al final me podrá pasar factura? O será porque estoy simplemente un poco acojonado con la carrera? Paso toda la mañana del día en el trabajo de reunión en reunión. Al medio día recojo las niñas y las dejo con mi suegra antes de subir al aeropuerto. Sobre las 3 y media de la tarde, entro en la terminal de los Rodeos. Me entra el sentimiento de que la aventura está a punto de empezar. Que agradable es esta sensación, como la de acceder a un mundo desconocido, en que por unas cuantas horas vestimos los trajes de aventureros y entramos en un universo paralelo al de todos los días para navegar por senderos nunca antes recorridos a tan grande velocidad. En el mostrador de facturación me encuentro con Cesar y Rocío. Cesar es un compañero de entrenamientos y aventuras con el que ya he compartido varias carreras a lo largo de estos últimos años. Ya con las tarjetas de embarque y para hacer tiempo hasta la salida del avión, nos dedicamos en la cafetería a repasar la carrera, el recorrido, las tácticas y los miedos de cada uno. Ya a camino de la puerta de embarque se junta a nosotros Pancho, otro compañero de aventuras y de los más fuertes entrenamientos para el UTMB 2007.Recen salido de la oficina, su vestimenta de ejecutivo de viernes aparenta todo menos la de un aventurero que se propone a recorrer cerca de 40 kilómetros por las sendas teñidas de negro de la isla del lagarto gigante. En la fila para embarcar, como ya suponíamos, vemos a varios compañeros de aventura que se dejan delatar por la ropa que llevan vestidos y por los bastones de senderismo. Tenemos nuestra primera peripecia del fin de semana al llegar a la puerta de embarque: Pancho está en lista de espera y no lo dejan pasar. Vivimos algunos minutos de incertidumbre, habrá o no plazas libres? Al final Pancho pasa y nos informa que había sido un error y que en el ordenador sí que su plaza estaba confirmada. El avión despega y en menos de 50 minutos volvemos a pisar tierra, pero ahora ya sobre el terreno que nos llevará a vivir un nuevo desafío. En contrario de lo previsto (aunque haya alguien que diga que esto no es así), a la salida del aeropuerto no nos espera nadie! Parece que alguien, que no quiero aquí dejar en evidencia, se olvidó de venirnos a buscar. Suerte que Cesar tiene un coche alquilado y prontamente se ofrece a llevarnos hasta nuestro apartamento. Antes de dejar el aeropuerto, una persona de la organización de la carrera nos recuerda que tenemos que recoger los dorsales en el Ayuntamiento de Frontera. Al llegar somos recibidos con los primeros vientos huracanados del fin de semana. Parece que de esta vez la prealerta por vientos fuertes divulgada a primera hora del día por el servicio de prevención ha acertado en el pronóstico. Nos encontramos con Juanjo (Director de la Carrera) que nos informa del programa de “fiestas” que tenemos por delante antes de ir a dormir: cola para levantar dorsal, charla con Juan Diego Amador, charla sobre la carrera, nueva cola para levantar dorsal y, por último, la cena. Mientras, llega Félix con su mujer. Félix es otros de los compañeros de entrenamiento. Junto con Pancho irá este verano al Ultra Trail du Mont-Blanc. Aprovechamos el momento de la charla del simpático Juan Diego Amador para hacer unas últimas compras en el Supermercado de Terencio. Durante la charla sobre la carrera se nos informa por primera vez que, debido a los fuertes vientos que se están y que se seguirán sintiendo en las próximas horas, es posible que su parte final sufra un cambio de recorrido, trasladando la llegada a La Hoya de la Morcilla, con el objetivo de asegurar así la integridad física de los corredores a costa de perder la espectacular bajada por el camino real desde el Mirador de la Peña hasta Frontera. Para garantizar que todo irá estar listo para el día siguiente, también se nos informa que la organización pasará una parte de la noche señalizando ese nuevo recorrido y, por ese motivo, nos piden disculpas por adelantado por posibles fallos en el balizamiento de los últimos 8 kilómetros de la carrera. Ahora toca la cena: pizza y pasta para todo el mundo. Sobre las 10 de la noche llegamos al apartamento para dormir. El viento aumenta su intensidad. Esperemos que mañana este nos deje disfrutar de los paisajes de este paraje especial y que vivamos un grande día! 7h00 de la mañana. Después de una noche en la que el fuerte viento no dejó dormir a más de uno, la mañana se presenta con un panorama prácticamente idéntico. Desayunamos, Pancho, yo y Félix en la habitación de este último. Solo hablamos del fuerte viento y sobre el posible cambio de recorrido. A las 08h15, ya vestidos y preparados para la carrera, salimos en dirección a la línea de salida. Al llegar somos recibidos por un viento ciclónico.  En ese momento recibo un msm de Cesar a decir que ha pasado una muy mala noche con fiebre y que no va venir a la carrera. Qué pena y que putada para Cesar! Con lo ilusionado que él estaba con la carrera! La línea de salida es todo un espectáculo. El fuerte viento que se hace sentir oblíganos a buscar refugio en donde sea. La organización informa a todos que existe una probabilidad del 95% de que el recorrido sea el alternativo. Me mentalizo que voy a perder la parte más divertida de la carrera, la bajada desde el Mirador de la Peña hasta Frontera. Para matar el tiempo y siempre que el viento nos deja, hacemos algunas fotos. Por fin, la carrera tiene su inicio. Durante el primero kilometro vamos juntos con los de la carrera de 28 km. En ese punto, la carrera es neutralizada. Cinco minutos más tarde es dada una nueva salida, pero ahora solo para los corredores del maratón.
 Pumm! De la mano del concejal de deportes empieza de fiesta. Los primeros 8 kilómetros discurren por una ancha pista de tierra con un ligero desnivel negativo. Terminado este tramo, la carrera sigue por un empinado sendero hasta los 800 metros de altura. Aquí se encuentra el primer avituallamiento. A continuación, empieza una bajada que progresivamente va dando lugar a una zona llana con algunos repechitos hasta llegar a la Ermita de las Nieves, donde está colocado el siguiente avituallamiento. Aprovecho la primera parte para calentar lentamente los músculos a un ritmo que 6 min/km, que a los pocos se va convirtiendo en 5 min/km. Durante la subida del sendero empiezo a sentirme raro, con un ligero dolor de cabeza y una pequeña sensación de mareo. Al poco tiempo ya tengo dificultades para seguir el ritmo de los demás y dejo escapar a Pancho y a Félix. Bajo un poco mi velocidad en un intento desesperado de hacer disminuir los mareos y miro varias veces la frecuencia cardiaca en el pulsometro, pero este nunca baja del 90%! Que malas sensaciones presiento! Cada paso que doy es como si fuera en una barca en medio de una tempestad. Intento concéntrame y pensar en una estrategia para escapar a esta situación: por fin decido mantener un lento ritmo hasta coronar la subida y tentar descansar y comer algo de fruta en el avituallamiento. Arrastrándome llego por fin al avituallamiento y me lanzo desesperadamente a comer plátanos y naranjas. Descanso 2 o 3 minutos y se me va un poco el mareo. Decido seguir. Hago el tramo de bajada con alguna dificultad por los ligeros mareos que aún siento, pero animado por el magnífico paisaje que me rodea, empiezo a los pocos a reaccionar a situación imprevista. Las zonas de repechos consigo con algún éxito mantener el mismo ritmo de las zonas llanas. A los pocos voy adelantando a otros corredores y llego a la Ermita de las Nieves con el ánimo un poco mas recompuesto. El siguiente tramo lleva a los corredores de aquí hasta el punto más elevado de todo el recorrido, el Pico del Malpaso, y es probablemente el más difícil de toda la carrera. Es una constante subida de aproximadamente 10 km y 750 m de desnivel, donde a demás se nota por la cantidad de sabinas curvadas que es posible ver que suele hacer bastante viento por esta zona. Ya casi recuperado de los mareos, lánzame a la pista al ritmo más elevado que mi frecuencia cardiaca me permite. Sigo recuperando posiciones en la carrera y a ratos empiezo a deslumbrar en el horizonte un grupo con varias camisetas rojas que va delante de mí. Poco a pocos les voy dando caza y en un determinado momento consigo ver que uno de los que forman este grupo lleva una gorra rosada. Ese es Pancho con su descolorida gorra CIN. Creía que los había perdido para el resto de la carrera y volver a verlos me llena de satisfacción. A los pocos minutos conecto con ellos. Trocamos unas cuantas palabras. Les cuento resumidamente lo que me ha pasado y seguimos los tres juntos al mismo ritmo hasta el Pico del Malpaso. A partir de aquí empieza la bajada hasta la meta. La pista a seguir es de muy buena calidad y presenta apenas dificultades en las zonas de mayor desnivel. Por veces el camino abandona esta pista para transformarse en sendero para volver a los pocos metros de nuevo a una nueva pista. Hay pequeños repechos que salvar, pero todos fáciles de traspasar. Afrontamos los tres esta parte de la carrera con un ritmo bastante bueno y constante. Entretenidos con el paisaje que nos rodea llegamos al siguiente avituallamiento y aquí nos comunican que definitivamente la carrera va tener su final en la Hoya de la Morcilla. Nos faltan poco más de 8 kilómetros para la meta. Seguimos ahora en la compañía de dos otros corredores con los que mantenemos una agradable conversación. Con los kilómetros, cada uno va adoptando el ritmo que más le conviene y, poco a poco, el grupo se va estirando. Para mi pesar, también mis mareos vuelven a visitarme. En las curvas apenas mantengo el contacto visual con Pancho y Félix. Como siempre, los últimos 2 kilómetros se hacen eternos. Por fin, después de curva veo la zona recreativa y el arco de la meta. Por momentos olvido mi sufrimiento y me lanzo a la meta con una enorme sonrisa. ¡SOY FINISHER!    Altimetria obtenida con el Polar Sensor G3 gentilmente prestado por |