UTMB 2007 PDF Print E-mail
Friday, 07 September 2007

La carrera de mi vida…

Hace 2 años, cuando por primera vez leí en una revista un reportaje sobre el The North Face Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc, jamás pude imaginar que algún día estaría en la línea de salida en Chamonix para empezar una aventura de 163 km por las pistas y los senderos de una de las montañas mas bellas del mundo. Por esa fecha llevaba poco tiempo corriendo, recuerdo que me preparaba para mi primer medio maratón y aquello fue todo un mundo nuevo de aventura recóndito para mí. Aficionado desde siempre a los deportes de montaña, rápidamente me dé cuanta que este sería mi nuevo reto. De las salidas iníciales de pocos kilómetros a los UltraTrails utilizados a modo de preparación y entrenamiento para el grande reto, al final he conseguido lograr mi sueño, el de participar y terminar el Ultra Trail du Tour du Mont-Blanc en menos de 46 horas.

La Carrera

¿Pero que es al final el The North Face Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc? Para muchos considerada la carrera de ultra fondo mas importante y difícil de todas las que se celebran en Europa, consiste en realizar en semi-autonomia y en una única etapa de 163 km, un recorrido alrededor del macizo del Mont-Blanc por senderos y pistas alpinas de tres países (Francia, Italia y Suiza). Con salida y llegada a Chamonix, los corredores para conseguir finalizar la carrera tienen que atravesar 7 valles, rodear 71 glaciares, subir a 400 picos y cruzar 6 pasos a más de 2.000 m antes de volver a ver de nuevo esta ciudad francesa. El desnivel acumulado supera los 8.900 m, tanto positivos como negativos y, como en más de una ocasión recuerda la organización, terminar esta carrera equivale en distancia a hacer 4 maratones seguidos o subir dos veces al Everest desde el campo base. El tiempo dado por la organización para conseguirlo es de 46 horas y solo una cuarta parte de los inscritos en las 4 anteriores ediciones ha logrado ser “finisher” en esta carrera. Para dificultar aún más la vida a los corredores, la organización coloca varios puntos de control intermedios que tiene que ser vencidos antes de la hora límite para seguir en carrera.
 

 

En paralelo con el The North Face Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc, disfrutando del mismo ambiente, infraestructura y filosofía, se realiza la The North Face Courmayeur-Champex-Chamonix, pensada esencialmente para todos aquellos que no se sienten preparados para afrontar el reto de la primera o como suele pasar en las últimas ediciones, para los que no han conseguido plaza en el The North Face Ultra Trail du Tour du Mont-Blanc. Esta carrera comparte integralmente la segunda mitad del itinerario del Ultra Trail, con un total de 86km y 4500 metros de desnivel positivo en un tiempo máximo de 24 horas. Este año se han presentado cerca de 1609 atletas a esta prueba.

Por increíble que parezca, la carrera no cuenta con premios en metálico o de cualquier otro tipo y tanto el primero como el último corredor que logra llegar la meta solo lleva como recompensa los fascinantes paisajes que ha podido disfrutar durante el trayecto, la aventura, el reto, el compañerismo, la amistad y la solidariedad entre los atletas y ser “finisher” de una grande aventura. Como suele recordar la organización de la carrera: es como volver a los orígenes del deporte.

Otro detalle curioso es que en esta carrera el sentido ecológico prevalece sobre los demás. La organización procura con ella reivindicar la celebración de eventos en entorno natural en cumplimento del medio ambiente. En 2006, esta prueba de ultra fondo ha iniciado un proyecto para el desarrollo sostenible de actividades deportivas en entorno natural y, al día de hoy se ha convertido ya en una referencia mundial de respecto con la naturaleza, en la que la organización, mas de querer ser un ejemplo, lo que busca son innovadoras soluciones a los problemas.

Contando con una organización muy acogedora y (prácticamente) perfecta, el éxito que ha alcanzado el The North Face Ultra Trail du Tour du Mont-Blanc junto de la comunidad mundial del ultrafondo es inequívoco. Prueba de eso es el elevado número de inscritos que registra todos los años y que multiplica por 5 los de la primera edición. Para este año, previendo de nuevo una grande demanda y también para evitar el elevado número de abandonos registrados la pasada edición, la organización decidió crear nuevas reglas para las inscripciones: solo podían inscribirse corredores que hubiesen finalizado a lo largo del año 2006 al menos 2 carreras por montaña de más de 50 km o una de mas de 80 km, todas en una sola etapa. A pesar de todo, increíblemente las 2000 plazas disponibles para el Ultra Trail du Tour du Mont-Blanc se han agotado en menos de 10 horas y las del Courmayeur-Champex-Chamonix en poco más de 23 horas. ¡Cuántos serán los organizadores que consiguen un resultado como este!

Perfil de los corredores

Todos los años, durante los meses de verano, aproximadamente 25.000 personas recorren a pie los senderos y pistas del GR del Tour du Mont-Blanc, tardando entre 6 a 10 días para concluir el recorrido completo de la carrera. ¿Quién son estos hombres y estas mujeres que lo intentan hacer corriendo en menos de 46 horas? ¿Superhombres, extraterrestres o locos de la carrera a pie? Entre ellos, 10% son deportistas del alto nivel, grandes especialistas del ultrafondo que realizan varias competiciones parecidas al año, pero la mayoría de los corredores presentes en la línea de salida son amateurs que buscan “apenas” finalizar un desafío que supera la dimensión de una simples carrera.

 

 

Aunque los galos han representado el 70% de los inscritos, seguidos de los italianos (7,5%), de los del Reino Unido (Inglaterra, Escocia, País de Galles, Irlanda del norte) (4,5%), de los Suizos (4,3%), de los Españoles (4,2%) y de los alemanes (2,5%), comparado con la edición del 2006, el aumento este año de no franceses ha sido muy significativo, con una subida notable de participantes venidos de España, Italia y Estados Unidos. Al final han sido 2.319 corredores venidos de 44 países diferentes y de cinco continentes los que han salido de Chamonix. Otra particularidad que ha quedado reflejada en las inscripciones y que confirma que esta es una prueba para gente experimentada, la media de edad de los participantes ha estado cercana a los 43 años en el The North Face Ultra Trail du Tour du mont Blanc y de 41 años para el The North Face Courmayeur-Champex-Chamonix. Una vez más se ha confirmado que a mayor distancia, mayor la media de edad de los inscritos. La participación de mujeres en las dos pruebas también ha aumentado este año, siendo el 7% de los inscritos en el Ultra Trail du Tour du mont Blanc de este sexo y el 16% en el Courmayeur-Champex-Chamonix.

El recorrido

Con un recorrido que a traviesa tres regiones alpinas, la Savoir, el Val d’Aost y el Valas, bien señalizado y sin demasiadas exigencias técnicas, alternando senderos con pistas de montaña del celebre GR TMB, todos ellos a través de espectaculares paisajes alpinos, ricos en variedad de fauna y floral, es sin duda la distancia y el desnivel acumulado que hacen tan dura la carrera. Contando con numerosos pasos en altura, de los que se destacan el Col de Seigne y el Grand Col du Ferret, con condiciones meteorológicas que suelen se adversas y variables (vento, frío, lluvia y hasta nieve, aunque este año el tiempo ha ayudado), es importante estar acostumbrado a saber convivir con estos elementos. La altura media del itinerario ronda los 2000 mts y el punto mas elevado supera ligeramente los 2500 mts.

 

 

Aunque oficialmente solo existe una etapa, para mí la prueba está claramente dividida en tres tramos. El primero tramo, con 76 km y 4.500 m de desnivel positivo, va desde Chamonix a Courmayeur, en Italia, y lleva los corredores prácticamente hasta el ecuador de la prueba. Para la llegar hay que superar puntos de paso tan importantes como el pueblo de Les Contamines, el Croix du Bonhhomme, el Col de la Seigne o el Refurio Elisabetta. En Courmayeur, igual que en Champex-Lac, se encuentra un avituallamiento muy completo donde, aparte de agua y bebidas calientes, se ofrece a los participantes comida caliente, zona de descanso y de masajes, podología, vestuarios y duchas. Es también donde se tiene la posibilidad de recuperar la primera de las dos bolsas personales entregadas por los corredores a la organización antes de la salida. En la pasada edición fueron muchos los participantes que han dado por finalizada su prueba en este punto, obligando la organización a cambiar las reglas de la edición de 2007, en la que solo se clasificaron los corredores que llegados a Chamonix.

El segundo tramo, con 45 km y cerca de 2.600 m de desnivel positivo, va desde Courmayeur a Champex-Lac, en Suiza. Por el camino los corredores tienen que enfrentarse con las subidas del Refugio Bertone y del Grand Col Ferret, este último a 2.537 m de altura, punto mas elevado de la carrera. Tal como en Courmayeur, el avituallamiento de Champex-Lac es especial y es donde se encuentra la segunda bolsa de los corredores. Si el anterior tramo tiene la importancia de ser el ecuador de la prueba, este acércanos cada vez más al objetivo, llegar a Chamonix! Quien supera este punto tiene bastantes probabilidades de finalizar la prueba y son muchos los que aprovechan el avituallamiento de Champex-Lac para recuperar fuerzas y cambiar de ropa para enfrentar la segunda noche lo más caliente posible.

Los últimos 42 km, con 1.950 m de desnivel positivo, conducen los corredores de Champex-Lac a Chamonix y son por unanimidad los más duros de todo el recorrido. Muchos corredores temen esta última parte de la prueba, no por la distancia o el desnivel, pero por el agotamiento, el sueño y el desgaste psicológico que llevan encima. Las subidas de Bovine y de Les Tseppes son prácticamente las últimas barreras que hay que franquear para llegar a buen puerto en esta aventura. La manera como el público recibe a los corredores a la llegada a Chamonix, independientemente de la clasificación de cada uno, es un momento único. Parece que todos dan ese empujón que falta para terminar de cruzar la meta.

Para tras han quedado 163 km y 8.835 m de desnivel positivo, 17 avituallamientos, mucho sufrimiento y, para la mayoría, casi 46 horas non-stop.

 

 

Mi preparación

Entrenar para una carrera como la del Ultra TMB solo por si representa ya un desafío para los corredores. En Internet es increíble la poca o casi nula información disponible sobre el asunto y la existente bastante contradictoria en muchos casos. Los únicos puntos que parecen comunes a todos es que, de entrada, debemos olvidar los tradicionales planes de entrenamiento y centrarnos en mejorar la parte muscular, cardiovascular, mental y emocional. 

Aún a sabiendas de que podría no conseguir una plaza para la carrera, en el mes de septiembre de 2006, he decidido empezar a entrenar para el UTMB de 2007. Para prepararme lo mejor posible los cuatro aspectos anteriormente mencionados, empecé por trazar un plan con un año a vista y lo más variado posible para que no se me hiciera demasiado aburrido o psicológicamente agotador. Para empezar, dividí el año en 3 grandes periodos. El primero, de septiembre a diciembre, con el objetivo de aumentar la resistencia aeróbica, alterné salidas de 50 minutos al día a trote, 3 veces a la semana con salidas de 2 a 3 horas de carrera por montaña o en bicicleta de montaña una o dos veces a la semana. En el segundo periodo, de enero a abril, he aumentado progresivamente las salidas al monte con sesiones de hasta 4 horas y desniveles positivos en torno de 1.500 m, siempre a ritmo moderado o incluso caminando. Durante este periodo, a modo de preparación, participé en la Transgrancanaria (117 km) y la CruzaTenerife (76km), donde he podido testar material, alimentación y ritmos de carrera. Seguí manteniendo los entrenamientos entre semana aumentando la duración de los mismos para una hora al día. El tercero y último periodo, de mayo a agosto, para mi ha sido el más importante. Durante este periodo he alargado mis salidas de fin de semana hasta las 8 horas, con un par de ellas a superar las 15 horas, llevando siempre conmigo la misma cantidad de material de la carrera. Si en los dos anteriores periodos, las salidas mas duras las hice en compañía de amigos, en este procuré ir solo y lo mas concentrado posible en mis objetivos, entrenando así la parte psicológica. 

Terminé este periodo con unas gratificantes vacaciones familiares de 3 semanas, en las que me he limitado a caminar con mi familia por ciudad y a descansar el mayor tiempo posible. También aproveché este último periodo para estudiar la carrera: trazado, desnivel, climatología predominante, estrategia y ritmos para cada tramo. Este conocimiento me ha acercado más a la carrera y, aunque es un conocimiento neutro por sí mismo, me ha aportado seguridad para enfrentar la misma. Definir la ropa mas apropiada para cada hora del día, así como los objetos a dejar en los avituallamientos de Courmayeur y Champex-Lac, es también una tarea muy importante y que he reservado para este periodo. Una prenda de ropa seca y caliente pueden ayudar mucho a superar una crisis en algún punto crítico del recorrido. Aunque existen innumeras teorías sobre cómo afrontar las semanas anteriores a una competición, personalmente soy partidario de llegar a las carreras lo mas descargado posible. Reconozco que es un tema muy personal, pero a mí me va de maravilla este descanso por que llego a la salida con ganas de “devorar” kilómetros.

El material a llevar

Para poder presentarse a la línea de salida, la organización obliga los corredores a llevar una serie de material obligatorio. A parte de este, que debe acompañar el corredor durante toda la carrera, la organización recomienda también llevar ropa de acuerdo con el entorno de montaña por donde discurre la carrera. Durante el día, si la climatología acompaña, basta llevar camiseta y pantalones cortos, una gorra y un ligero corta viento para las ventiscas que puedan encontrarse en los pasos a altura. En cambio, por la noche, al bajar sustancialmente la temperatura ambiente (llegando incluso a bajar de los cero grados), es importante cuidar la vestimenta. Una primera capa con propiedades hidrófugas, un polar y el impermeable con membrana transpirable son fundamentales a la hora de superar una helada madrugada, junto a unas mallas largas, guantes, gorro y/o buff. Cuanto a elegir el calzado mas adecuado, actualmente en el mercado existen decenas de modelos específicos para correr por montaña, aunque son muchos los corredores (entre los que me incluyo yo) que, por el bajo grado técnico de los senderos y pistas por donde cruza la carrera, prefieren utilizar a zapatillas de entrenamiento con un buen amortiguamiento, primando así el confort a cambio de una menor precisión en las bajadas. Una opción a tener en cuenta es llevar dos modelos distintos de calzado, uno confortable para la primera parte de la carrera y otro más técnico para la fase final de esta, cuando las fuerzas o la concentración ya fallan y es fácil cometer errores que pueden provocar caídas y forzar abandonos. Una mochila de entre 15 a 30 litros, con bolsa para el agua, es más que suficiente para transportar el material obligatorio junto con nuestras pertenencias. Recurrir al uso de bastones en la carrera es bastante personal y hay diversas opiniones sobre el tema. En las subidas sirve de bastante ayuda, pero en los llanos y en las bajadas pueden llegar a molestar a más de uno.

 


 

Es fundamental probar todo ese equipamiento anteriormente a la carrera para no encontrar después sorpresas como que una determinada prenda de ropa o de calzado te hace daño o no es la más adecuada para las condiciones meteorológicas encontradas. 

La llegada a Chamonix 

Después de unas magnificas vacaciones familiares, llego a Chamonix el día anterior a la carrera. Organicé mi viaje de manera a aprovechar este día para levantar el dorsal, aclimatarme a la altitud y hacer un poco de turismo por esta encantadora ciudad. Nada mas llegar, siento el ambiente de fiesta que se vive en la ciudad a causa de la carrera. Ya con el dorsal y identificado con una hermosa pulserita de color rosa fluorescente (verde fluorescente para los corredores de la CCC) paso a ser saludado con un simpático “Courage” prácticamente por todos los habitantes y turistas del lugar. Es increíble como todos saben perfectamente el valor que tiene presentarse esta aventura!

El día…

24 de agosto. Llega por fin el grande día! Por la mañana intento dormir hasta hartarme, pero la emoción de lo que se me avecina no me deja estar en la cama mas allá de las 10h de la mañana. El resto del día lo paso en constante nerviosismo. Nunca más llega la hora. Llamo por teléfono a Cristo para hacer tiempo. Por fin, harto de no saber qué hacer, sobre las 18h00 me acerco a la línea de salida. Que pasada, entre corredores y público podemos ser más de 20.000 personas apretujadas en la Plaza de la Amistad. Se leen distintas emociones en la cara de los corredores, pero seguramente todas en su interior piensan en llegar por sus propios medios y en menos de 46 horas a esta plaza; en la del público son más bien caras de asombro y admiración. 

La primera buena noticia de la carrera es dada momentos antes de la salida por la organización: gracias a un anticiclón que se acerca a la región alpina, se esperan unas magníficas condiciones meteorológicas para los próximos dos días. 

Segundos antes de lo previsto, entre los murmurios de los corredores, del helicóptero que insiste en sobrevolar sobre nuestras cabezas y la voz del speaker de la organización, la música Monastery of La Rabida de Vangelis rompe para avisar el inicio de la grande aventura. El público empieza a gritar y a aplaudir a los corredores, el momento es de tanta emoción que las lágrimas se dejan ver en más de un rostro, incluso en el mío.  Ahí vamos…

 

 

Hasta el primer avituallamiento, en Les Houches, ayudado por la buena calidad de la pista, troto por entre la multitud. Ahí nos encontramos con la primera subida hasta La Charme con 819 metros de desnivel positivo. Se empieza a notar que esto va ser duro y más de uno encuentra ya sus primeras dificultades. Opto por hacer la subida lo mas tranquilo posible. Antes de llegar al punto mas elevado, decido hacer mi primera parada técnica para ponerme el impermeable y preparar el frontal para la noche que se avecina. No hace frío, pero el viento invita a abrigarme. La noche llega en la bajada para Saint Gervais y de pronto me siento fatal, mareado, no se que me pasa, los sudores se enfrían en mi cara. Pedro, que pasa? Aún no llevamos ni 20 km? El miedo se apodera de mí, mientras los demás me adelantan a diestro y a siniestro a grande velocidad por la bajada. Mi cabeza no entiende que me pasa. Como todas las provisiones que llevo en cima, previstas para los apuros de los primeros 76 km, pero su efecto nunca llega a surtir efecto. Por fin el avituallamiento! Como un poseso, zampo todo lo que mis manos alcanzan: naranjas, frutos secos, plátanos, sigo con caldo y termino con biscocho relleno de pasas. Me siento mejor. De repente recuerdo que con la emoción de la prueba, había olvidado comer antes de la salida. Recuperado del susto y ya con mejores sensaciones, sigo camino hacia el siguiente avituallamiento, el de Les Contamines. El itinerario es agradecido, con buen piso. Vuelvo a sentirme bien y recuperado del bajón.

 


 

Al llegar a Les Contamines decido pasar por él sin perder mucho tiempo. Son las 12h00 de la noche y las calles están a abarrotar de gente como se de una grande fiesta se tratara. Realmente este público es increíble! Ya en el avituallamiento de La Balme hago mi segunda parada técnica. Hace frío y cambio mi camiseta corta por una de manga larga y un forro polar ligero. Saco también los guantes y el gorro polar. Tomo algo caliente. Mientras, llega Gonçalo, un  portugués de la Isla de Madeira que había conocido meses antes por Internet. Somos los dos únicos representantes del país luso y hemos acordado ayudarnos mutuamente en nuestro objetivo. Trocamos unas palabras sobre como afrontar la subida a Croix du BonHomme (2479 m). Seguimos juntos del avituallamiento, pero rápidamente pierdo contacto con él. No me preocupo, sigo a mi ritmo lento pero constante que suelo adoptar en las subidas mas fuertes. Miro para arriba y la luz de los frontales se avista hasta el infinito, mezclándose con las estrellas. Después miro hacia tras y vuelvo a perder de vista miles de luces que suavemente serpentean montaña abajo. Entretenido con el juego de luces, la subida se me hizo corta y menos dura. Llego bastante animado a su cima y emprendo una nueva bajada hasta Les Champieux. Al inicio está bastante resbaladiza y mojada. Por varias veces toco suelo y me pregunto si no me he equivocado con la elección de las zapatillas. Miro alrededor y el panorama nos es mucho mejor, con gente cayéndose constantemente delante y detrás de mí. Champiex llega por fin y paro solo lo justo para llenar la bolsa de agua y la botella con isotónica. Miro la tabla de tiempo y, con algún panico, veo que solo llevo 2 horas de adelanto con respecto a la hora de cierre de este punto de control. Me preocupo y salgo rápidamente hacia el Col de Seigne. La primera parte de la subida es por una carretera asfaltada en mal estado y, pasado la Ville des Glaciers, el camino regresa de nuevamente al reino de las montañas. A mitad de la subida vuelvo a tener mareos y empiezo a sentirme arrepentimiento por no haber perdido más tiempo a descansar y a comer en el último avituallamiento. La noche da paso al día y con las primeras luces vuelvo a ser ultrapasado por mucha gente. Entre ellas reencuentro a Gonçalo, que se había tomado la bajada anterior con mucho cuidado. Seguimos juntos los últimos metros de la subida.

 


En la cima del Col de Seigne (2516 m), dos gigantescas tiendas amarillas nos esperan y con ellas también los primeros radios de sol que invitan a hacer unas cuantas fotos. Ya en Italia, una nueva bajada hasta al avituallamiento del Refugio Elisabetta. Aquí, descanso un poco y como lo necesario para recuperar la anterior crisis de energía. Me quito el forro polar y el impermeable, hago un pequeño chequeo mental a mi estado físico y a mi tabla de tiempos para comprobar que voy dentro de lo previsto y de nuevo tomo camino, ahora hacia Courmayeur. Dejo para tras una nueva subida y por delante ya solo me queda la enorme bajada de 1200 m de desnivel para terminar la primera etapa. La bajada es brutal Mis piernas se quejan, mis pies gritan de dolor y mi cerebro no consigue procesar tanto sufrimiento. De repente y sin motivo aparente, mi pie izquierdo comienza a dar señales de que el esfuerzo ha superado su límite y cada vez que toca el suelo los dolores se hacen insoportables. Por fin, llego al pabellón donde se encuentra el primer de los dos grandes avituallamientos. 

 

Courmayeur

A las 11h00 de la mañana recupero mi primera bolsa en Courmayeur psicológicamente bastante afectado por los dolores de mi pie izquierdo y busco un rincón bastante escondido en el vestuario cambiarme de ropa. El calor ya se empieza a hacer sentir y decido ponerme ropa más ligera: una camiseta de manga corta, unas mallas también cortas y una gorra. Dejo solo el impermeable dentro de la mochila y guardo toda la ropa sudada en la bolsa que se va quedar de nuevo en Courmayeur. Reviso mis heridas de guerra: el tobillo del pie izquierdo está un poco inchado, pero aparte de eso todo esta bien. Le pongo un poco de analgésico que llevo conmigo y hago el intento de ponerme de pie. Vuelvo rápidamente a sentarme. El pie está mucho peor de lo imaginaba al principio. El fantasma del abandono paira de nuevo a mi cabeza. ¡No puede ser! Mordiéndome la lengua para olvidar el agudo dolor del tobillo, vuelvo a ponerme de pie decidido a seguir. Como algo de pasta, pero mi estado anímico no me deja ganas para comer. Alrededor veo mucha gente, ahora ya conocida. Con los españoles que veo, cambio algunos lamentos. A los pocos en entran de nuevo ganas de seguir. Ensayo un poco el pie que me duele y hago un nuevo momento de reflexión sobre mí estado. Me siento capaz de seguir, pero este contratiempo me obliga a trazar un nuevo plan para el resto de la carrera: a partir de ahora solo procuraré llegar a los puntos de control dentro de tiempo, se acabó intentar seguir mi tabla de tiempos. Seleccionada mi cabeza para la posición E (aún no se si ha sido de Economía o si de Emergencia), tomo con algún pesimismo el camino hacia el Refugio Bertone. La parte inicial de la subida la hago a través del pueblo de Courmayeur, para a continuación seguir por sendero bajo la densa vegetación. El calor aprieta y la sombra de la copa de los árboles se agradece bastante. Con mi doloroso estado físico, la subida se hace interminable. Mi cabeza ya solo planea la retirada al llegar al punto de control. Aunque momentos antes había decidido no volver a hacerlo, al llegar al refugio comparo mi ritmo que con el de mi tabla de tiempos y, increíblemente,  compruebo que he perdido apenas 5 minutos respecto a lo que había previsto. Reconsidero mi decisión y, sin perder más tiempo, sigo para el próximo punto de control, el Refugio Bonetti. Mientras camino a ese destino, al dolor del tobillo que se hace cada vez más insoportable, de repente, se me junta un fuerte sueño.

A mitad del camino doy conmigo totalmente desmoralizado y con pocas ganas de continuar con esta agonía y sufrimiento. Llamo por teléfono a mi mujer. Le cuento lo mal que voy y que he decidido retirarme en el siguiente punto de control. Ella anímame a seguir, pero me despido totalmente convencido de que en el próximo control voy a parar.

Después de unas tres largas horas y bastante arrasado, llego por fin al Refugio Bonatti. Por la organización me entero de que para abandonar debo seguir aún hasta el siguiente avituallamiento. Decido descansar algunos minutos antes de seguir y para combatir el sueño, bebo un vaso con té, el primero desde que empecé la carrera. Llega Gonçalo y le cuento mi decisión. Me recomienda a dejarme de tonterías y a seguirle con él hasta Champex-Lac donde, con un buen masaje, estaré de nuevo listo para llegar a Chamonix. A demás, insiste que ser recibido por el público de Chamonix en la meta es un momento único en el mundo y que no lo debo perder solo por un dolor de tobillo. No sé si por la manera como me lo dijo, si por el efecto del té, de repente tanto el dolor como el sueño desaparecen de mi cabeza y acepto su propuesta de seguir. Una vez más los dos tomamos camino al siguiente punto de control. Aún no me lo puedo creer, pero hace media hora me arrastraba por los suelos, pensando en cómo iba a justificarme la retirada, y ahora voy como una moto a camino del mítico Grand Col du Ferret solo con Chamonix en mi cabeza! En la bajada sigo de cerca a Gonzalo, pero en el ascenso le pierdo nuevamente y decido olvidarme de él y subir tranquilo. La subida es tal como me la habían descrito, interminable. Al llagar arriba, miro hacia tras y veo el magnifico valle que va hasta Courmayeur. Al otro lado de la montaña está Suiza, mi tercer país en menos de 24 horas. La bajada hasta La Fouly, con tramos bastante técnicos y resbaladizos, se me hace eterna. El sol se ha puesto por segunda vez, pero al contrario de la primera noche, ahora hace calor. Llego a La Fouly. En las mesas del avituallamiento encuentro mucha gente durmiendo en las mesas. Procuro comer lo máximo que consigo. Consulto mi tabla horaria solo para estudiar el tramo que me separa de Champex-Lac. A ratos me deja de doler el tobillo, no se si por estar demasiado cansado para sentirlo o por el té que voy constantemente bebiendo de mi botella desde que salí del Gran Col du Ferret y que me tiene probablemente el sistema nervioso “punteado” para no ver la realidad. Me quedan 15 km para Champex-Lac. Con este ritmo y con el té, podré llegar en menos de 4 horas. De nuevo se me hace eterno este tramo de la carrera, especialmente la subida final que es demoledora para quien lleva ya 100 km sobre las piernas, pero lo mas importante es que sigo en la lucha por mi objetivo. 

Champex-Lac

Al llegar a Champex-Lac recupero mi segunda bolsa y busco ser atendido rápidamente por un podólogo. A parte del dolor del tobillo, hace kilómetros que me acompañaban unas cuantas ampollas de agua en los dos pies. Durante la intervención del podólogo me duermo 5 minutos, pero me despierto asustado por el miedo de perder el conocimiento y solo volver a despertarme pasadas varias horas. Terminada la intervención, tomo el tiempo justo para cambiarme de ropa y llevar algo de comida a la boca. Quiero aprovechar el efecto del analgésico para acercarme lo máximo posible a Chamonix antes de que me vuelvan los fuertes dolores que he sentido en el tramo final de la subida.La primera parte del siguiente tramo es en bajada y voy a buen ritmo, pero con la subida a Bovine vuelvo a mi paso de caracol. 

El sueno ataca ahora como nunca y, por momentos, me duermo apoyado en los bastones. Son los corredores que vienen detrás que me despiertan y me convencen a seguir. Mi cabeza está ausente y mi cuerpo reacciona por reflejos. Increíblemente saco fuerzas no sé bien de donde para continuar, pero lo importante en ese momento es que sigo hacia mi objetivo. Ya es de día cuando empiezo la bajada hacia Trient, donde llego sobre 8h00 de la mañana. Nada más llegar a la tienda del avituallamiento entro en pánico al darme cuenta de que solo tengo 4 horas para hacer los 10 km con cerca de 800 metros de desnivel positivo que me separan de Vallorcine. Tomo un café, el té hace horas que ya no me hace efecto, y salgo corriendo hacia la próxima subida. Solo de imaginar que, después de tanto esfuerzo, puedo quedar eliminado por llegar tarde al siguiente punto de control no me termina de entrar en la cabeza y decido dar el máximo que puedo en la subida siguiente. Al llegar arriba, se me dibuja una sonrisa en la cara, inconscientemente mi cerebro ya sabe que lo voy a conseguir! Hago la bajada al mismo ritmo de la subida y llego a Vallorcine 2h15 antes del cierre del control. He conseguido! Ya nada me separa de Chamonix! Sin que yo lo subiera antes, en el avituallamiento me esperan mis amigos Johnny, Paula y la pequeña Maria Joao. Me reciben como si fuera el primero clasificado lo que me deja eufórico. Que bueno es ver caras amigas después de tantos kilómetros de sufrimiento! Descanso 15 minutos en el avituallamiento. Johnny, que hace menos de 24 horas había terminado la C.C.C., se ofrece para acompañarme en los últimos kilómetros de la carrera. Le contesto que será todo un placer compartir ese tramo con él y quedamos en el avituallamiento de Argentier para seguir juntos. Salgo en dirección a Argentier. Ya solo faltan 17 km y casi todo llano.

 


Con la emoción voy corriendo, pero rápidamente me doy cuenta de que ya llevo 148 km en cima y que lo mejor es volver a caminar. Un poco antes del último punto de control, Johnny junta-se a mí. Para mantenerme despierto, vamos charlando sobre su prueba y la mía. Argentière. Ya solo quedan 10 kilómetros para la gloria! Al llegar al avituallamiento estoy mareado y pido comida a los voluntarios de la organización. Descanso 10 minutos sentado en una silla. Tengo todavía 4 horas para terminar la carrera. Vamos a por los últimos kilómetros, digo para mí. El último tramo discurre paralelo a un río, en un constante sube y baja bastante incomodo para quien ya va muy allá del su limite sufrimiento. Los dolores en el tobillo y en las heridas de los pies se hacen cada vez más insoportables. Cuando llevamos poco más de 30 minutos desde el último avituallamiento, me vuelvo a sentir mareado

 

 

 

Al ver que pierdo la sensibilidad en las extremidades de mi cuerpo, propongo tumbarme un poco con las piernas para arriba a ver si mejoro. Una inoportuna bajada de azúcar, pienso. Ya no tengo agua ni comida y al paso de otros corredores les suplico el precioso líquido y un poco de energía en forma de chocolate. El pobre Johnny intenta ayudarme, pero poco puede hacer cuando por un cuerpo que está ya muy para allá del agotamiento! Estoy a menos de 7 km de la meta. Solo me falta un poco más para conseguirlo. Llamo a mi mujer, le cuento que estoy casi, pero que se siento mal. Ella me anima junto con mis hijas a seguir! La comida empieza a hacer su efecto y, por fin, me pongo de pie y seguimos a paso lento. Johnny intenta recordar el recorrido que hizo 24 horas antes, pero todo le parece igual y se disculpa constantemente por no poder ayudarme más. A cada curva de la pista suelto un insulto a la organización por no me facilitar el camino a la meta. Después de casi 3 horas, por fin entramos en Chamonix. CHAMONIX! Mi ritmo se incrementa exponencialmente, casi me entran ganas de correr, pero recuerdo el incidente de hace menos de 2 horas y me contengo. El objetivo es llegar, solo llegar! Johnny se separa de mí a la entrada del pasillo reservado a los corredores. Corro el móvil y llamo a mi mujer. Lo pongo en manos libres para que ella viva conmigo este momento. Estoy en la recta de la meta. El público grita a mi paso como si fuera el primero clasificado, que pasada! Cruzo la meta! 44 horas y 51 minutos. He conseguido alcanzar mi sueño, soy “finisher” de la carrera de ultrafondo de montaña mas dura de Europa! 

 


 

Quiero agradecer a todos los que me han ayudado a convertir este sueño en realidad. Dedico mi prueba a las tres mujeres de casa, a mi esposa Cristina y a mis dos hijas, Inés y Sara. Sin su apoyo habría sido imposible estar en la salida de la carrera y mucho menos en la llegada. También quiero agradecer la ayuda que en todo el momento he recibido de mis amigos y que, arrastrados por mí sueño, conmigo han compartido entrenamientos muchas veces inadecuados para sus objetivos deportivos. Y por último a las empresas Cintas Transportadoras de Tenerife, Panel Standard y M. Guerra – Intersport, por el apoyo logístico y material que me han brindado.

Marco Olmo, una carrera ejemplar

Este año, una vez mas, Marco (59 años) realizó una carrera ejemplar. Se pasó todo el tiempo en el grupo de cabeza junto de los americanos favoritos (Scout Jurek, Kart Meltzer), a pesar del ritmo extremamente rápido que han impuesto en los primeros kilómetros. Al final, Marco supo economizar las fuerzas suficientes para imponerse a los americanos y al francés Nicolas Mermound. A mitad de la carrera, persiguiendo el primer clasificado, Marco utilizó su ya legendario ritmo hasta a Chamonix: un ritmo constante independientemente del perfil del recorrido. Al final terminó la carrera alrededor del Mont Blanc en el primero lugar con un tiempo de 21 horas, 31 minutos y 58 segundos. A sus 59 años, su palmares es extraordinario: 3 veces vencedor del Maratón de las Arenas, vencedor de las 4 ediciones realizadas del Desert Cup, 6 veces 1º clasificado en Trail du Cromagnos (en seis participaciones), 4 veces vencedor del Maratón del Desierto de Libia y, desde ahora también, 2 veces vencedor del UTMB (2006 y 2007). Cuando le preguntan sobre sus éxitos, suele decir: “A mi edad es normal tener un palmares mas largo que los demás.” 

Durante los 133 primeros kilómetros, Nicolas Mermoud, 41 años, comandó la carrera. Muy rápido desde la salida, ha mantenido un ritmo muy fuerte hasta Bovine, pero fuertes dolores musculares debido una precaria alimentación lo ha obligado a ceder la primera posición para Marco Olmo cuando le faltaba apenas 3 horas para terminar la carrera. Poco después, terminó por ceder también el segundo puesto para el alemán Jes Lukas, 41 años, triple vencedor del Spartathlon y campeón de Europa en la especialidad de 24 horas, que ha hecho un magnifico final de carrera. Jens es un corredor ya consagrado en el ultramaratón, aunque su especialidad no son las carreras por montaña, será unos de los atletas a tener en cuenta en futuras ediciones. 

Cuanto a los americanos, no han conseguido demostrar el favoritismo que inicialmente de la se les atribuía y tanto Scout Jurek – 7 veces vendedor de la mítica Western Status 100 Miles - , como Kart Metzer – elegido mejor “ultrarunner” 2006 de los EE.UU. – han acabado por abandonar prematuramente la carrera. Quien terminón en el puesto 47 ha sido el americano Dean Karnazes, el hombre maratones, con un tiempo de 27 horas y 36 minutos. 

Resultado diferente han alcanzado en la categoría de femeninos, donde Nikki Kimball (EE.UU.), del equipo The North Face ®, recientemente vencedora de la Western Status 100 Miles, ha pulverizado el record de la carrera realizando el recorrido en 25 horas, 23 minutos y 45 segundos. Delante desde el inicio, ha sabido conservar la primera posición hasta el final de la carrera, consiguiendo a demás un excelente puesto 19 en la clasificación general. La grande sorpresa de la clasificación femenina ha sido la segunda posición alcanzada por Mónica Aguilera (España). Karine Herry (FRA), vencedora de la edición anterior, esta vez ha tenido que  conformar con la tercera posición. 

Clasificaciones

Hombres: 

1. Marco Olmo (ITA), 21 h, 31 m, 58 segundos

2. Jens Lukas (ALE), 22 h, 23 m, 55 segundos

3. Nicolas Mermoud (FRA), 22 h, 30, 51 segundos
 

Mujeres

1. Nikki Kimball (EE.UU.), 25 h 23 m 45 segundos

2. Mónica Aguilera (ESP), 27 h 18 m 17 segundos

3. Karine Herry (FRA), 29 h 06 m 03 segundos 

 
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